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Adicciones conductuales: definición, tipos y ejemplos

By 28 octubre, 2019adicciones

¿Sabías que un hábito tan inocente como comer, tener relaciones sexuales o jugar a videojuegos puede convertirse en una adicción?

Todos y todas conocemos las adicciones asociadas al consumo de sustancias como, por ejemplo, el alcoholismo, el tabaquismo, la adicción a la cocaína, etc. Sin embargo, con el paso de los años, se ha puesto sobre la mesa un nuevo tipo de problema en el que no entran en juego las sustancias: hablamos de las adicciones conductuales.

También conocidas como adicciones del comportamiento, consisten en acciones incontrolables y compulsivas que una persona realiza por la necesidad de repetir una experiencia o la sensación asociada a dicha experiencia. Este tipo de adicciones pueden estar relacionadas con el juego, las compras, la comida o el sexo. ¿Quieres saber más sobre las adicciones conductuales? En este artículo de Fromm Bienestar, te daremos una completa definición, sus tipos y daremos algunos ejemplos sobre las adicciones de la conducta más comunes.

¿Qué son las adicciones comportamentales? Definición según el DSM-V

No podemos limitar la definición de adicciones a aquellos problemas relacionados con sustancias químicas. Esto se debe a que hay conductas aparentemente normales, como comprar, utilizar el teléfono móvil, jugar a videojuegos e incluso comer que, en ciertos tipos de personas, pueden llegar a convertirse en un problema.

Como ya hemos adelantado, definimos las adicciones conductuales como aquellas acciones o comportamientos que una persona realiza de manera compulsiva, generando así una pérdida de libertad con su consiguiente enganche.

Si nos atenemos estrictamente al manual diagnóstico DSM-V, podemos observar que clasifica las adicciones conductuales bajo la etiqueta de adicciones no relacionadas a sustancias[1]. Dicha clasificación no aparecía años atrás y esto se debe a que pocas veces contemplábamos las conductas como potenciales adicciones. Asimismo, la ludopatía o la adicción al teléfono son problemas que han aparecido recientemente, por lo que no podíamos documentar estas patologías.

[1] Cía, A. H. (2014). Las adicciones no relacionadas a sustancias (DSM-5, APA, 2013): un primer paso hacia la inclusión de las Adicciones Conductuales en las clasificaciones categoriales vigentes. Revista de Neuro-Psiquiatría, 76(4), 210.

La ludopatía según el DSM-V

Es importante comentar que, a pesar de incluir esta nueva clasificación, el manual DSM-V solamente ha aceptado como un trastorno legítimo la adicción al juego y la ha clasificado como trastorno por juego de apuestas. Por tanto, ha dejado fuera algunas adicciones conductuales como la adicción a internet, a las redes sociales o a los videojuegos.

¿Existe la adicción al sexo?

Una de las preguntas más controvertidas en relación a las adicciones del comportamiento es la siguiente: tener sexo con mucha frecuencia o querer practicarlo continuamente, ¿es o no es un problema?

Como hemos comentado a lo largo de este artículo, cualquier conducta puede convertirse potencialmente en una adicción, y más aún, el sexo. Esto se debe a que libera altas dosis de dopamina y puede relacionarse con el contacto afectivo y el apego, un refuerzo muy positivo en la mayoría de seres humanos. Además, la adicción al sexo o hipersexualidad no consiste solamente en los comportamientos observables, también se reconoce como problema el hecho de tener fantasías constantes, la masturbación compulsiva o el consumo masivo de pornografía.

Aunque el DSM-V no haya reconocido este problema, la OMS ha decidido incluir el término hipersexualidad y alto comportamiento sexual en la clasificación internacional de enfermedades (CIE)[2] por lo que podemos comprender que la adicción al sexo es un comportamiento de riesgo que debe ser evaluado y tratado por un profesional.

[2] Ministerio de Sanidad y Consumo. (2010). Clasificación internacional de enfermedades.

Adicciones conductuales y químicas: principales diferencias

Es evidente que debemos analizar las adicciones del comportamiento bajo un nuevo prisma, esto se debe a que funcionan ligeramente distinto a las adicciones a sustancias. Sin embargo, antes de comentar las principales diferencias entre las adicciones conductuales y químicas, vamos a comentar en qué se parecen y por qué una persona puede llegar a engancharse a las compras o al juego como si se tratara de una droga.

El elemento clave de todos los trastornos adictivos es la falta de control. Esto se debe a que la persona adicta no controla sus comportamientos y todo lo que realiza lo hace enfocándose en mantener su adicción. Dicha adicción suele empezar en un consumo o un hábito placentero, pero luego va ganando terreno en sus prioridades hasta que domina por completo su vida (Cía, 2013).

¿En qué se diferencia una adicción conductual y una química?

A pesar de que el esquema sea muy parecido, existe una diferencia fundamental entre ambos tipos de adicciones y es la droga o químico que entra en juego en las adicciones más tradicionales. Por ejemplo, en el alcoholismo, la persona que presenta este problema tiene unos cambios químicos a corto y a largo plazo producidos por el mismo alcohol.

En el caso de las adicciones conductuales, es la persona misma quien libera dopamina tras realizar la acción a la que él o ella está enganchado. Existen otros neurotransmisores en juego, pero es importante quedarnos con el funcionamiento esencial de las adicciones conductuales.

Además, en el caso de las adicciones del comportamiento, la normalización o la sutileza de alguna de ellas puede dificultar mucho el tratamiento. Por ejemplo, no es extraño que una persona joven pase mucho tiempo mirando el teléfono móvil. Sin embargo, ¿cuándo empieza la adicción y termina el hábito? Si una persona pierde el control sobre un comportamiento, que luego prioriza ante el resto de actividades en su día a día, podemos afirmar que se ha convertido en un adicto conductual.

Clasificación de las adicciones conductuales: ¿cuántos tipos hay?

Ahora que ya conocemos cómo funcionan este tipo de adicciones, es importante aprender a clasificarlas. Para este cometido, utilizaremos el tipo de conducta para poder separar los distintos tipos de adicciones conductuales. A pesar de que el juego patológico o ludopatía es la adicción conductual por excelencia, existen muchísimas que debemos tener en cuenta.

No te pierdas este otro artículo si quieres saber cómo ayudar a una persona con adicción al juego.

Ejemplos de adicciones del comportamiento

A continuación, vamos a definir con ejemplos los principales tipos de adicciones conductuales:

  • Adicción a las compras: este tipo de adicción del comportamiento se caracteriza por un impulso incontrolable de adquirir cosas nuevas, que en la mayoría de las ocasiones les resultan innecesarias o incluso inútiles. En muchos casos, se utilizan las compras como refuerzo o regulador emocional. Las principales consecuencias de la adicción a las compras son las siguientes: deudas, deterioro de las relaciones personales, problemas con la justicia por hurto o estafa…
  • Adicción al sexo: como ya hemos comentado en este artículo, cuando las relaciones sexuales generan obsesión y se buscan compulsivamente, no para obtener satisfacción, sino para aliviar un malestar emocional, podemos encontrarnos con una adicción al sexo. Además, este tipo de adicción conductual puede ir unida al consumo de sustancias como el alcohol o la cocaína ya que favorecen la desinhibición. En este otro artículo os contamos mejor los efectos de las drogas en la sexualidad.
  • Adicción al juego o ludopatía: este tipo de adicción del comportamiento es la más conocida y estudiada a lo largo de los años. Podemos definir la ludopatía como un trastorno en el que, la persona que lo sufre necesita urgentemente jugar y apostar, esta conducta la realiza de manera compulsiva, persistente y progresiva, afectando así a su vida personal, laboral y familiar.
  • Adicción a la comida: esta conducta también puede ser clasificada como un trastorno de la alimentación. Esto se debe a que la ingesta compulsiva tiene muchos factores en común con el trastorno por atracón, la bulimia nerviosa e incluso su antípoda: la anorexia nerviosa. Esta adicción se caracteriza por la presencia regular de atracones sin control. Dichos atracones se inician de forma súbita y van precedidos de una sensación de hambre voraz (muchas veces, esta sensación es puramente emocional) produciéndose un rápido consumo de alimentos, normalmente de alto contenido calórico.
  • Adicción a las nuevas tecnologías: recientemente, y debido al rápido desarrollo tecnológico, ha aparecido un nuevo tipo de adicción conductual. Este problema se divide en tres grandes subtipos, la adicción a internet, la adicción al teléfono/redes sociales y la adicción a los videojuegos. Estos tres tipos de adicciones tecnológicas poseen unas pautas muy semejantes. Por ejemplo, el uso excesivo de los aparatos electrónicos como el teléfono, el ordenador o la videoconsola. Otros síntomas pueden ser la pérdida de horas de sueño, aislamiento, comprobación constante de las redes sociales y dependencia del aparato electrónico.

A pesar de que las adicciones conductuales no poseen un elemento químico que refuerce el problema, son un desorden del comportamiento que debe ser tratado como tal, pues las consecuencias pueden llegar a ser muy graves, al igual que las adicciones químicas. Además, como hemos comentado, ambos tipos de adicciones pueden aparecer juntas en una persona, por lo que su tratamiento debe estar en manos de un correcto equipo profesional.

 

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