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Fromm Bienestar en la Prensa: «Cuando la IA se vuelve imprescindible: explorando la frontera entre uso y adicción»

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Los expertos debaten si el uso intensivo de la IA es una tendencia pasajera o una dependencia creciente. Antonio Molina, director del centro de salud mental y desintoxicación Fromm Bienestar, y Lorena Ruiz, psicóloga y directora terapéutica, abordan la creciente preocupación social sobre la posible adicción a la inteligencia artificial y herramientas como ChatGPT.

En los últimos meses, numerosos titulares han señalado el auge del uso de sistemas de IA como ChatGPT entre adolescentes, profesionales y población en general refiriéndose a la posibilidad de una nueva adicción emergente. Sin embargo, ¿puede realmente hablarse de una adicción comparable al juego online o al consumo de sustancias?

¿ChatGPT puede generar adicción? No, según la ciencia

Un estudio realizado por un equipo de investigación internacional, en el que participa la Universidad de Valencia (UV), desmonta la idea de que ChatGPT o herramientas similares puedan generar una adicción equiparable a la del juego o las drogas. Según los investigadores, publicado en la revista científica Addictive Behaviors, “no hay evidencia de que el uso intensivo de esta tecnología cause efectos similares a los que producen las adicciones conductuales tradicionales”. Además, el estudio rechaza el uso alarmista del término “adicción” aplicado a tecnologías emergentes como ésta.

Para Antonio Molina, esta conclusión no significa que debamos ignorar los riesgos, pero sí evitar el alarmismo:

“Es importante diferenciar entre uso intensivo, uso funcional y uso problemático. No todo uso frecuente es adictivo. Hablar de adicción implica pérdida de control, interferencia funcional y dependencia emocional, algo que no todos los usuarios de IA presentan.”

Riesgos reales: deterioro de la memoria y del pensamiento crítico

Un informe de la Real Academia Nacional de Medicina (abril 2024) advierte de efectos secundarios importantes ante el uso excesivo de inteligencia artificial. Según su comunicado, “el uso intensivo de asistentes de IA puede reducir la capacidad para pensar críticamente, debilitar la memoria y la autonomía cognitiva”.

Desde Fromm Bienestar, esta alerta se enmarca dentro de lo que denominan una nueva forma de delegación emocional y cognitiva. Para Lorena Ruiz, el riesgo no está tanto en la IA como herramienta, sino en cómo la usamos:

“Muchos adolescentes no buscan solo respuestas con la IA, buscan validación inmediata, soluciones exprés o incluso consuelo emocional. Cuando la inteligencia artificial sustituye al pensamiento propio o a la interacción humana, ahí empieza el verdadero problema.”

De 100 millones mensuales en 2023 a 700 millones semanales en 2025

Según datos de 2023, ChatGPT ya superaba los 100 millones de usuarios activos mensuales a nivel global. Dos años después, en 2025, la cifra ha crecido de forma exponencial hasta alcanzar los 700 millones de usuarios activos semanales, cuadruplicando su volumen en apenas unos meses.

En este contexto, Antonio Molina destaca que el uso de IA generativa puede ser muy funcional en contextos académicos, laborales o creativos, siempre que no sustituya las funciones humanas esenciales:

“La inteligencia artificial no tiene por qué ser una amenaza, pero tampoco puede ser una prótesis del pensamiento. Usarla como apoyo está bien, usarla como sustituto es peligroso.”

Un estudio de Microsoft Research y la Universidad Carnegie Mellon refuerza esta preocupación: el uso inadecuado de la inteligencia artificial puede erosionar nuestra capacidad de pensamiento crítico. Dicho de otra manera, si delegamos todo en la tecnología, podríamos acabar olvidando cómo pensar por nosotros mismos.

¿Adicción, dependencia funcional o evolución de las adicciones digitales?

Aunque hoy no existe un consenso clínico que reconozca el uso excesivo de la IA como una adicción formal, los patrones de comportamiento observados presentan similitudes con las adicciones conductuales conocidas: búsqueda de refuerzo inmediato, uso compulsivo, interferencia en la vida social y emocional, y necesidad de control.

Desde Fromm Bienestar se insiste en no confundir uso intensivo con adicción clínica. Sin embargo, se reconoce que la línea es cada vez más difusa. Al igual que ocurrió con el juego online o el uso patológico de redes sociales, lo que hoy consideramos una “dependencia funcional” podría derivar, con el tiempo, en una categoría diagnóstica reconocida si se mantienen los patrones de deterioro personal y relacional.

Lorena Ruiz explica: “Lo que observamos es una tendencia a la evitación emocional. Usan la IA para no pensar, no sentir, no esperar. Eso sí es preocupante, no por la tecnología en sí, sino por lo que revela del usuario.”

Una estrategia educativa y emocional

En lugar de caer en el alarmismo, Fromm Bienestar propone una estrategia educativa y emocional desde las instituciones y familias. Enseñar a los jóvenes a usar la IA como herramienta complementaria, pero no como refugio emocional ni sustituto de la vida real.

Antonio Molina lo resume con claridad: “No se trata de demonizar la inteligencia artificial. Se trata de enseñar a las personas a pensar, a recordar, a reflexionar… incluso cuando tienen una máquina que lo puede hacer por ellas.”

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