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Fromm Bienestar en la Prensa: «El apagón del 28 de abril sacudió nuestra salud mental y nos conectó con el miedo»

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El reciente apagón eléctrico generalizado que afectó a España y zonas de Francia y Portugal el pasado 28 de abril de 2025, generó más que un simple corte en el suministro de luz. Expuso una vulnerabilidad emocional cada vez más extendida en la sociedad. Más allá de las molestias prácticas por la falta de energía, la reacción generalizada evidenció cómo un acontecimiento inesperado puede alterar profundamente el equilibrio mental de muchas personas.

Desde el centro de desintoxicación y salud mental Fromm Bienestar, su director y educador social Antonio Molina alerta sobre la importancia de leer entre líneas este tipo de eventos. “Lo que más desestabilizó no fue la falta de luz en sí, sino la desconexión de nuestros dispositivos. El teléfono móvil dejó de funcionar con normalidad y, con él, nuestra sensación de control”, señala Molina, quien insiste en que “la dependencia a las telecomunicaciones supera hoy en día a la dependencia eléctrica”.

La relación del apagón con las adicciones y la salud mental

En contextos de adicción y salud mental, este tipo de episodios excepcionales pueden actuar como desencadenantes. En personas con trastornos de ansiedad o en fases tempranas de recuperación de una adicción, la pérdida repentina de conexión, de acceso a la información o al entorno digital puede generar sensación de aislamiento, angustia y descontrol emocional. “El sistema que nos sostiene -continúa Molina- nos hace cada vez más vulnerables ante situaciones excepcionales. No estamos preparados emocionalmente para no saber, para no estar conectados, para esperar”.

Esta carencia de herramientas psicológicas se ve amplificada por un fenómeno que el equipo de Fromm Bienestar no duda en señalar: la progresiva disolución del sentimiento de comunidad. “El carácter individualista de las sociedades occidentales favorece que, cuando se activa el pánico o la urgencia, dejemos de pensar en el otro. Y es precisamente ahí donde comienzan los verdaderos daños a la salud mental”, explica Molina.

 Un regreso a episodios vividos en la pandemia de 2020

Durante el apagón, en algunos supermercados se produjeron comportamientos desmedidos. La idea de escasez, combinada con la falta de certezas, generó reacciones impulsivas. “Ese reflejo de ‘todo para mí y nada para el otro’ no nace del egoísmo espontáneo, sino de un sistema que lleva tiempo fomentando el sálvese quien pueda”, advierte el experto. Frente a eso, añade, la solución no está en reforzar el control o la vigilancia, sino en fortalecer vínculos comunitarios, la salud pública y la educación emocional desde etapas tempranas.

De alguna manera regresamos a 2020 y a la pandemia del Covid 19. Volvimos a sentirnos inseguros y con miedo. Con personas comprando en los supermercados lo que no necesitaban, padres amontonándose a las puertas de los colegios para recoger a sus hijos antes de tiempo… En definitiva, este episodio del corte eléctrico generalizado ‘desnudó’ de nuevo a la población, quitándole los mecanismos de unión más importantes. Reactivando por momentos sensaciones negativas como las que generan el estrés, la ansiedad y la preocupación.

El plano positivo de esta realidad

No obstante, este episodio también sacó el plano positivo de la salud mental. Y así lo demuestran las redes sociales, con miles de publicaciones de usuarios presumiendo de momentos de desconexión únicos gracias al fenómeno del apagón. Velas, soledad, reflexión, meditación… paisajes idílicos sin luces artificiales, mayor contacto con la naturaleza y con otras personas, por ejemplo.

Así, se vieron también en redes sociales y en muchos informativos posteriormente, imágenes de personas en las calles de muchas ciudades cantando y bailando, sin la luz de las farolas al atardecer. Disfrutando del momento sin mayor preocupación. También pudimos ver a unos pasajeros de un tren que se detuvo y decidieron hacer una coreografía colectiva junto a las vías. Todo esto, de alguna manera también nos devolvió a 2020. Otra lectura de estos momentos de desconexión es que, precisamente porque hubo personas que los registraron en sus móviles pese a no tener Internet, pudimos ver posteriormente esos vídeos en redes e informativos de televisión. ¿Y qué nos demuestra esto? Precisamente de lo que hablábamos al principio de esta nota: la excesiva dependencia que tiene la sociedad en general de todo lo tecnológico, incluso en momentos en los que las circunstancias invitan a la desconexión total.

Una mirada desde la salud mental colectiva

Desde Fromm Bienestar subrayan que fenómenos como este deben entenderse como una oportunidad para reflexionar sobre cómo nos sostenemos emocionalmente como sociedad. La salud mental no depende solo de la estabilidad individual, sino también de los recursos externos disponibles, de los apoyos reales y simbólicos, y de la capacidad de las personas para responder en conjunto a lo inesperado. Como por ejemplo hicieron esos vecinos de muchas ciudades o los viajeros de aquel tren que tuvieron que esperar a que volviera la luz para continuar su viaje.

“La gente necesita proyectos de vida comunitarios para sobrevivir, no solo drones o tanques”, denuncia Molina. Para él, la seguridad emocional no se logra a base de miedo ni de vigilancia constante, sino a través del fortalecimiento de estructuras públicas, accesibles y compartidas, como el sistema sanitario, los servicios sociales o las redes vecinales.

El apagón de abril no solo nos dejó a oscuras exteriormente, también nos mostró lo poco preparados que estamos emocionalmente para la desconexión. En un mundo hiperconectado, donde la ansiedad por la inmediatez se ha normalizado, cualquier corte puede suponer mucho más que una interrupción técnica: puede ser el detonante de una crisis interna. Y frente a eso -concluye Molina-, “no podemos permitirnos seguir alimentando la deshumanización como única vía de adaptación. Recuperar el valor del grupo, del cuidado mutuo y del vínculo real es, más que nunca, una necesidad de salud mental colectiva”. Por ello, parte del aprendizaje puede ser el de todas aquellas personas que supieron aliarse, organizarse y asociarse para hacer frente de manera positiva a este episodio excepcional.

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