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En las adicciones: mejor prevenir que curar

By 20 abril, 2021Adicción
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Ya conocemos el dicho: es mejor prevenir que curar. Y es que se antoja más interesante evitar un daño antes de que este se produzca que poner en marcha toda una serie de mecanismos para solventarlo una vez se ha producido.

Con las adicciones sucede lo mismo. Y no es que resulte imposible curar o superar una dependencia, en cuyo caso muchos de los que estamos aquí no nos dedicaríamos a esto. Más bien hablamos de que una adecuada estrategia de prevención del desarrollo de la adicción elimina muchos futuros dolores de cabeza y encamina a la persona hacia una vida más saludable y feliz.

¿Cómo prevenir la adicción?

En primer lugar, hemos de tener en cuenta que una adicción no suele ser algo que sucede de repente, sin más. Normalmente existen una serie de aspectos y connotaciones que van encaminando a la persona a convertirse en adicta. Es como si, por decirlo de alguna forma, alguien jugase a la lotería con una serie de boletos. Resulta obvio que, cuantos más tenga esa persona en su poder, más fácil será que le toque.

Los aspectos que influyen en el desarrollo de una adicción son muchos, y es imposible controlarlos todos. Sin embargo, sí que hay algunos que pueden observarse con facilidad desde fuera y atajarlos antes de que se hagan más y más grandes.

Veamos algunos de ellos para poder reflexionar al respecto:

¿Cuáles son las adicciones sin sustancia principales?

Depresión y bajo ánimo

Si alguien cercano a nosotros, a quien queremos, lleva un tiempo triste y le notamos decaído y pesimista debe encenderse en la señal de alarma. La depresión y el desánimo son dos de los principales desencadenantes de la conducta adictiva, y por eso es fundamental que nos tomemos el tiempo y la energía necesarios para hablar con esa persona acerca de sus sentimientos y tratar de ver qué ocurre. Es muy útil transmitirle una sensación de apoyo, mostrándonos interesados por ella y no juzgándola, fomentando la comunicación.

Grupo de iguales

Seguramente habrás oído el famoso refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”. Si observamos que, por ejemplo, nuestro hijo comienza a rodearse de malas compañías (pequeños delincuentes, personas agresivas o antisociales, etc.) parece obvio pensar que debemos hacer algo. Sin embargo, aquí hemos de ser precavidos. Quizá no sea lo mejor afrontar el tema directamente, diciéndole a nuestro hijo que deje de ver a estas personas inmediatamente. Esto probablemente solo conseguirá que se enfade con nosotros y que incluso haga por verlas más en un acto de rebeldía. En su lugar, sería bueno hacerle ver de forma sutil que este tipo de personas no le está beneficiando. Para ello podemos utilizar algunos trucos orientados a hacerle reflexionar acerca de si piensa que estas personas le están aportando en su vida, o si considera que tenerlas cerca le hace ser más feliz. Todo esto rodeado siempre de un mensaje en el que le dejemos claro que es su decisión y que no queremos entrometernos en su vida. Si lo hacemos con prudencia y, sobre todo, tratando de no juzgar, podemos lograr un cambio interesante en la persona. 

¿Cómo debe ser una terapia psicológica en adicciones?

Malos hábitos de vida: nada positivo para prevenir la adicción

Nuevamente se pone de manifiesto la importancia de ayudar a los que tenemos cerca a que desarrollen unos hábitos de vida sanos. Comer poco y mal, dormir en exceso y con horarios descontrolados y salir hasta las tantas, por ejemplo, suelen ser sinónimo de problemas. Aquí puede resultar de mucha ayuda orientar a la persona acerca de la importancia de mantener unas rutinas, las cuales suelen ser muy útiles para encontrar el equilibrio psicológico. Si hablamos de nuestros hijos, no habrá mejor antídoto ante este problema que el propio modelado: compórtate tal y como quisieras que tus hijos lo hicieran. Así, lo que vean en casa de positivo, muy probablemente será imitado para beneficio de todos.

Una pincelada final…

En resumidas cuentas, si bien es cierto que no se puede hacer todo desde fuera para prevenir una adicción, hay muchas cosas que sí están en nuestra mano para lograr que una persona cercana tenga menos posibilidades de desarrollarla. Lo más importante siempre será saber transmitir adecuadamente una serie de valores y normas que puedan ser interiorizadas fácilmente por la persona en cuestión, y no sean vistas como una imposición. En otras palabras, lograr que las asuma como propias y las ponga en marcha por su cuenta.

Por otro lado, no olvidemos que las adicciones suelen surgir como una forma de evitación o un deseo de experimentación. Si enseñamos a los demás mejores formas de manejar su dolor, cómo expresarlo adecuadamente y cómo disfrutar de experiencias apasionantes en su vida sin necesidad de recurrir a las drogas u otras conductas adictivas, estaremos poniendo nuestro granito de arena en aras de la prevención.

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