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La rebeldía del adolescente

By 7 junio, 2021Adolescentes
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No descubrimos nada nuevo si decimos que la adolescencia es un período difícil. En ella se producen una serie de cambios importantes que no todos son capaces de llevar de la mejor manera. Sin ánimo de detenernos demasiado en el análisis de estos cambios, los cuales ya hemos mencionado en otros artículos, hoy quisiéramos centrarnos en un aspecto importante del comportamiento adolescente. Hablamos de la rebeldía o el desafío a las figuras de autoridad.

En la sociedad en la que vivimos, resulta necesaria la existencia de una serie de normas que ordenen un poco el mundo. A un nivel cotidiano, muchos padres tratan de establecer reglas para una adecuada convivencia y proteger a sus hijos. Así, por ejemplo, definen límites horarios en sus salidas, les permiten jugar a los videojuegos durante un tiempo determinado o les instan a ordenar su habitación.

Ante estas normas, si son impuestas con armonía y claridad, lo más sensato y positivo es cumplirlas. Y esto es precisamente lo que ocurre en muchos adolescentes, los cuales entienden el sentido y la necesidad de obedecer a veces y las acatan.

La depresión en la adolescencia

¿Pero por qué en otros aparece la rebeldía?

Una de las características propias de la adolescencia es el desafío a las normas, la rebeldía. No cumplirlas es visto como sinónimo de fortaleza, dejando claro que el joven ya no quiere ser niño y desea decidir las cosas por sí mismo. Dicho de otra manera, las normas son vistas como una forma de que una persona (padres, profesores, etc.) demuestren la autoridad o superioridad sobre ellos: “yo te digo lo que hay que hacer”, y esto no lo acepta.

Existe un concepto muy interesante en psicología que ya de por sí nos afecta a la mayoría de los seres humanos. Estamos hablando de la reactancia, la cual se trata de una reacción emocional que la gran parte de nosotros experimentamos cuando entendemos que se nos está privando de libertad. Si nos dicen, por ejemplo, que el césped no se puede pisar… ¿Qué hacemos? Efectivamente, vamos y lo pisamos.

Esto se acentúa mucho más en el adolescente, el cual intenta desligarse de su niñez y acercarse cada vez más a la vida adulta. El joven desea sentirse uno más del grupo adulto, quiere ser libre, y la rebeldía es la mejor forma que encuentra para aproximarse a esa libertad.

¿Y no es mejor ser libre?

Muchos de los que estéis leyendo esto quizá os sintáis seducidos por la idea de ser libres. Poder hacer lo que queramos en todo momento resulta atractivo, y nos aporta una sensación agradable que puede ser incluso adictiva. El problema es que, de no existir un mínimo de normas, estaríamos hablando de falta de claridad en muchos aspectos de nuestra vida. Imagina, por ejemplo, que no existieran las normas de circulación. Así, cada uno de nosotros conduciría como le pareciese, y los accidentes serían incontables… Muchas veces, la rebeldía no surte el efecto que se busca.

La tiranía del adolescente

¿Entonces, debo imponer las normas para evitar la rebeldía?

Las reglas son necesarias, pero siempre expresadas con sentido. No es lógico, por ejemplo, abusar de expresiones del tipo “porque lo digo yo”. Esto solo producirá una reactancia cada vez mayor, y el joven hará lo posible por rebelarse. Si, por el contrario, explicamos brevemente al adolescente el motivo de seguir o no una norma, será mucho más sencillo que la acate.

“Debes hacer los deberes”, es muy distinto a “Debes hacer los deberes para aprender y poder estar más preparado en el futuro”

Nuestros hijos tienen que tener claro para qué hacen algo. De esta forma, no lo entenderán como una imposición, sino que se mostrarán más colaborativos e incluso desearán cumplir las normas, y no aparecerá la rebeldía adolescente.

Una mirada al autoritarismo

Se ha escrito mucho acerca de las consecuencias o las secuelas de niños o jóvenes a los que se le imponían normas sin sentido o sin tan siquiera explicarles nada. Entre ellas, destacamos la represión de la hostilidad, la falta de criterio propio, la inseguridad y la baja autoestima.

Si le bombardeamos a normas, acabará desarrollando una mirada de la vida basada en posibles errores continuos. Dicho de otra forma, cuando se sienta relajado tendrá la sensación de estar haciendo algo mal o saltándose alguna regla.

En resumidas cuentas, aunque el adolescente es rebelde por naturaleza, es posible que lo sea menos si sus padres y demás figuras cercanas ponen de su parte. Una vez más, un adecuado equilibrio entre el afecto y las normas, con dosis de sentido para esas reglas, parecen ser la mejor receta.

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