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El peligro de la sobreprotección paternal

By 4 noviembre, 2020Familias

Tanto si ya eres padre o madre como si piensas serlo, este artículo puede ser de tu interés. Vamos a hablar de la sobreprotección paternal en Fromm Bienestar.

Tener un hijo es un acontecimiento maravilloso. Fruto de la unión de dos personas que se quieren, nace un ser dispuesto a llenar de luz la vida de ambos. El cambio en sus vidas es enorme, y la alegría comienza a alumbrar la vida de esos papás y de esas mamás.

Pero… ¿es todo tan bonito como lo pintan?

Ser padre o madre lleva consigo una serie de responsabilidades que garanticen la supervivencia y el bienestar del recién nacido. Desde el comienzo, se hacen imprescindibles una serie de atenciones que ayuden al pequeño a desarrollarse y a crecer sano. Los padres, por regla general, se muestran alerta ante cualquier señal que les indique que algo no va bien o que existe algún peligro para el bebé. Esto se halla impreso en nuestra genética, y ha resultado muy útil a lo largo de miles de años de evolución.

¿Entonces, cuál es el problema? ¿Cuándo aparece la sobreprotección paternal?

El problema viene cuando estas atenciones y cuidados se prolongan en exceso en el tiempo y en intensidad. A veces ocurre que se dedican muchísimas horas del día a asegurarse de que el pequeño está bien, regalándole una atención que no siempre es beneficiosa para él o ella. Y aquí es donde aparece la sobreprotección paternal. 

Conforme pasa el tiempo, resulta esencial que el niño vaya explorando el mundo por su cuenta. Asimismo, debe equivocarse y aprender de sus errores. Debe aprender qué es peligroso y qué no lo es, y debe hacerlo por sí mismo. Esto no significa que los padres deban abandonarlo a su suerte e ignorarlo, más bien que muestren un apego seguro enviándole el siguiente mensaje: “explora por ti mismo, nosotros estamos aquí contigo si nos necesitas”

Esta no siempre es la actitud que muchos padres muestran. De hecho, existen infinidad de casos en los que estos tratan de vivir a través de sus hijos. Tal es así, que se apresuran a hacer que evite todo contacto con lo que ellos consideran peligroso, dificultando el aprendizaje propio del pequeño.

“No salgas de noche, el mundo es peligroso”

Esta frase bien podría ser un ejemplo de cómo una intención que en principio podría parecer protectora y deseable, puede llegar a convertirse en una idea generadora de miedos en el niño conforme va creciendo.

Si los padres y madres no estamos dispuestos a enviar a nuestro hijo un mensaje de confianza, lo que estaremos haciendo es inyectándole cada vez dosis mayores de miedo.

El problema de la sobreprotección paternal reside en que muchos padres no aceptan experimentar ellos mismos la incertidumbre que les genera el hecho de que su hijo/a explore el medio. Si, por ejemplo, su hija adolescente quiere pasar un fin de semana en la playa con los amigos, un padre sobreprotector podría negarse, al no querer vivir la angustia de cómo estará. Insistimos que en el fondo lo que se transmite es la idea de “no confío en ti”, “no creo en ti, ni en que serás capaz de cuidarte por ti mismo/a”.

En vez de caer en la sobreprotección paternal, lo verdaderamente interesante sería crear un balance positivo entre la aplicación de algunas normas y el hecho de permitir a nuestro hijo ser un individuo por sí mismo. Si esto significa asumir algunos riesgos o vivir un poco de angustia, quizá no nos quede más remedio…

Las consecuencias de la sobreprotección paternal pueden ser negativas

Tengamos en cuenta que las consecuencias de un exceso de protección en un hijo pueden ser mil veces peores que un percance vivido por permitirle experimentar. En otras palabras, y aunque suene duro: más vale una visita al hospital por una brecha al caerse de un tobogán que no permitir al niño subirse a uno.

Está demostrado que los niños con miedos inculcados de sus padres son enormemente más infelices a la larga, con una alteración importante de su autoestima y una vida menos plena. Por el contrario, aquellos que sí contaron con el apoyo y la confianza de sus padres para explorar por sí mismos, manifiestan valores más elevados de lo anterior.

En resumen, si eres padre o madre y de corazón quieres lo mejor para tu hijo/a, no olvides permitir que experimente algunas dosis de realidad por sí solo/a. Equivocarse es humano, y a veces es necesario pasarlo un poco mal para entender cómo funcionan las cosas. Si estamos demasiado encima para evitarles el sufrimiento, para acunarlo al mínimo contratiempo y para responder siempre por él, estaremos creando a una persona infeliz, con miedos e incluso enfadado con sus padres en el futuro.

Si necesitas ayuda para aprender a hacerlo, nos tienes muy cerca. Contacta con nosotros.

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